abril 20, 2007

Hablan las hijas de Chávez

Posted in entrevistas at 12:26 pm por sucedenvenezuela


Las Infantas Bolivarianas, otorgarón una entrevista a una periodista Cubana lógicamente, donde vuelven a sacarle punta al 11 de Abril… Una de ellas con mucha alegría dice que quiere a Fidel como a un abuelito
¿Qué pasó con las hijas del Presidente el 11 de abril?

La historia aparece con la siguiente entrevista realizada
en La Casona por Rosa Miriam Elizalde, periodista,
quien vino de Cuba especialmente
para escribir y preguntar.

Rosa Virginia:

— El 11 de abril, poco después del mediodía, me fui a Miraflores con Pedro Manuel, mi novio –ahora mi esposo. Él quería ver a su mamá, que trabajaba allí, y yo, a mi padre. No había modo de entrar al Palacio. Las marchas habían bloqueado las entradas y yo insistía: “Vámonos adonde mi papá”. Me empeñe tanto que Pedro no tuvo más opción que llevarme en una motocicleta.

Le di un abrazo a mi padre y me quedé en una oficina próxima a la suya. No tenía una noción exacta de lo que estaba ocurriendo; sólo veía las caras tristes. Como a las siete o las ocho de la noche, pedí entrar a verlo.

Estaba uniformado. Hacía tiempo que no lo veía vestido así. Me dio un radio y me pidió que estuviera al tanto de lo que ocurriera. Se le notaba preocupado.

Cuando lo abracé, me eché a llorar: “Quédate tranquila, que no me va a pasar nada. Cuida a tus hermanos y yo los llamo más tarde”.

María Gabriela me esperaba, junto con mi hermano Hugo y mi sobrina Gabi. Como a las diez de la noche llamó papá agitado: “Tienen que salir de ahí ya. Váyanse. Salgan inmediatamente de ese lugar”.

María, Huguito y yo nos fuimos a una casa en Río Chico. Nos acompañaba el Gocho, un oficial muy leal a mi papá y varios guardias que, después de llevarnos hasta allí, se fueron. Dijeron que si ya no éramos los hijos de un presidente, ellos no tenían por qué custodiarnos.

Como a las tres de la madrugada sonó mi celular. Era mi padre.

Supongo que estaba a punto de salir del Palacio o camino a la Comandancia del Ejército. No le pregunté. Quería saber si estábamos protegidos: “Sí, sí, papá, estamos bien”.

Nos habíamos quedado solos: María, Huguito, Gabi y yo. ¿Qué íbamos a hacer? Cuando él llamó a las nueve de la mañana del 12 de abril desde un celular que le prestaron en Fuerte Tiuna, no pude hablar. Me ahogaba el llanto. “Quédate tranquila, hija. Todo estará bien” –trató de calmarme.

“Pásame a tu hermana”. Yo solo pensaba: lo van a matar, esos asesinos golpistas lo van a matar y lloraba por él y por el dolor y la preocupación que sentía por nosotros, sus hijos y su nieta.

María Gabriela:

— No hablé con él en la madrugada del 12 de abril, cuando lo sacaron de Miraflores. Conversó rápidamente con Rosa y yo traté de no crear mayores tensiones de las que ya teníamos.

Siempre he sido así, más tranquila.

Recuerdo que el 3 de febrero de 1992 –tenía 12 años- estuve toda la tarde en la casa de una compañera haciendo un trabajo de la escuela y cuando regresé, mi mamá y mi hermana estaban llorando.

“¿Quién se murió?” -pregunté con mucha calma. “María, por favor” –me respondió Rosita. “Mete toda la ropa que puedas en una maleta” -dijo mi madre. Eran las nueve de la noche.

“¿Para dónde nos vamos a esta hora?”.

“Para Barinas”. Allá estaban mis abuelos y era lejos, como a seis horas de nuestra casa. “¿Qué está pasando?” Mamá me entregó un papelito que había enviado mi papá, donde estaba escrito algo así: “Rosa, María y Hugo, mis bendiciones para siempre. Los llevaré dondequiera que esté hasta el último momento”. Me asusté. Pensé, como ellas, que lo iban a matar. Pero en vez de llorar, les di ánimo.

Volvía a vivir una experiencia similar diez años después, en la mañana del 12 de abril de 2002. Vi a Rosita llorar cuando oyó la voz de papá. Tomé el teléfono. “Papá, otra vez preso…, ¡qué broma es esta! ¿Dónde estás?”. Pensé que seguramente él quería comunicarnos algo de mucha urgencia y yo deseaba transmitirle serenidad. No lloré.

Me explicó que estaba preso en Fuerte Tiuna, en el Regimiento de la Policía Militar y que había que denunciarlo.

Estaba, además, muy preocupado por nosotras: “Papá, yo tengo miedo. Estamos solas, pero vamos a cuidarnos bien. Nos vamos para la casa de Wicho –Luis Reyes Reyes— “¿qué te parece?” “Muy bien, váyanse para allá y cuídense”. Inmediatamente me dijo que llamara a Fidel, que él era el único que podía hacer la denuncia internacional e insistía: “Dile que soy un presidente preso, que yo no he renunciado”.

Hablamos unos tres minutos.

Rosa Virginia

— Nuestros teléfonos no tienen salida internacional y había que llamar rápidamente a Fidel. Mi hermana habló primero con Diosdado Cabello y luego se comunicó con la pizarra central del Palacio de Miraflores. Allí estaban los muchachos leales a mi padre. Los golpistas no los habían despedido, ni habían cambiado la gente de protocolo. Mi hermana les habló por lo claro: “Soy María Gabriela y necesito que llames a Fidel Castro, a Cuba”. Y casi de inmediato tuvo comunicación con él.

María Gabriela: — Cuando escuché que me habían comunicado con la oficina de Fidel me eché a llorar. Me derrumbé. Apenas oyó mi voz, él me dijo: “María, ¿cómo estás?”. Su voz era muy suave. “Fidel, ayúdanos por favor”. “Cálmate, María”. Yo estaba desesperada. “Mi papá me pidió que te dijera que si muere hoy, es porque será leal a sus convicciones hasta el último momento.

Me dijo expresamente que te lo dijera a ti”. Le conté también toda la conversación.

A medida que le hablaba, me libraba de un enorme peso. Sabía que Fidel no nos abandonaría.

Hubo un momento, incluso, en el que sonreí: “Bueno, tienes que anotarlo…” –le respondí. “No, no, dímelo, que yo me lo aprendo”. “Fidel, es muy largo”.

“No, no, dímelo”. Se lo empecé a decir y cuando íbamos por el séptimo número me comentó: “Espera, espera, sí es demasiado largo”. Entonces él lo anotó. A partir de ahí y hasta el regreso de mi padre a Miraflores, me llamó cada media hora. Fue Fidel el de la idea de que hablara con Randy Alonso, el conductor de la Mesa Redonda, el programa de la televisión cubana que tuvo una gran repercusión internacional, en un momento en que la mayoría de los medios venezolanos se hicieron cómplices del golpe.

Recuerdo que le comenté a Fidel que yo era muy tímida, que tenía temor a hablarle a los periodistas. “Tranquila, María, que Randy es un amigo”. “Por mi papá hago lo que sea”. “Es lo que esperaba de ti” –me contestó, y poco después me llamó Randy.

Rosa Virginia

— Salimos para Barquisimeto. En el camino, mi tío Adán recomendó a María Gabriela que siguiera con Gabi y Huguito, pero a mí me pidió que regresara a Caracas para intentar ver a mi padre en Fuerte Tiuna y dar allí una batalla con los abogados.

Pensábamos que sería difícil para los militares golpistas resistir a la presión de un familiar, particularmente de la mayor de sus hijas. El problema en ese momento era que estaban piando las horas y no habíamos vuelto a saber de mi padre. Cada minuto de silencio multiplicaba el peligro.

Llamamos al número que quedó registrado en mi teléfono cuando él nos habló, pero allí nadie contestaba.

Temíamos por su vida.

Llegué al apartamento de mi novio y vimos la autojuramentación de Carmona. Las tensiones crecían y las esperanzas de poder ingresar a Fuerte Tiuna eran cada vez menores. Mi novio insistió: debía ir de nuevo rumbo a la casa de Luis Reyes Reyes y reunirme con mi hermana. Allí estaría a salvo. Eso hice. Llegué a Barquisimeto en la madrugada del 13 de abril, sin haber comido en todo el día.

María Gabriela:

— Los golpistas tenían pánico.

Habían estado cambiando de sitio a mi papá ese jueves 12 de abril dentro de Fuerte Tiuna. Finalmente, decidieron sacarlo de allí. Unos amigos que estaban dentro de la fortaleza militar me llamaron y me dijeron que a papá lo habían sacado del Regimiento de la Policía Militar durante la noche.

Llevaba una bolsa en la cabeza. No sabían para dónde lo habían trasladado.

Como hablaba cada media hora con Fidel, le conté. Ahí volví a declarar en el programa de Randy.

Fidel me animaba y me pasaba las informaciones que él tenía. Yo hacía lo mismo. Le conté que mi abuela estaba en crisis, porque le habían dicho que a papá le habían disparado en una pierna.

Fue un rumor que circuló el 13 de abril, cuando los militares leales pidieron la libertad del Presidente. Se corrió la noticia de que los golpistas no lo querían liberar, porque Chávez estaba muy golpeado. Fue el único momento de nuestras múltiples conversaciones en que a Fidel se le quebró la voz.

Sentí que estaba choqueado, mientras yo lloraba con desesperación. Sin embargo, se recuperó y me dijo: “Cálmate. Vamos a esperar. Veremos qué dicen más adelante. Cálmate, María”. Pero yo sentí su dolor a través del teléfono.

Rosa Virginia:

— Un teniente de la Aviación, que ahorita trabaja con nosotros, me llamó desde Maracay. Era seguro: mi papá estaba en La Orchila y lo iban a rescatar. Hugo, mi hermanito, estaba muy preocupado y preguntaba constantemente por nuestro padre, pero era nuestro sostén en aquellas circunstancias.

Tenía una gran confianza en que todo saldría bien. Conoce bien a los militares, porque acompañaba a mi papá a los cuarteles. Es muy valiente.

Creo que pasó un siglo antes de que el teléfono volviera a sonar. Era el teniente. “Aquí tengo a tu papá”. Había mucha bulla al fondo –el helicóptero, la gente gritando, los abrazos— y yo lo escuchaba entrecortado: “¿Papá, estás bien? ¿Te golpearon?” “No, estoy bien, tranquilas. De aquí a un ratico nos vemos en el Palacio. ¿Ustedes están bien? ¿Dónde están?” Sólo quería saber de nosotros. En eso se cayó la llamada. Mis hermanos me hicieron repetir como quinientas veces el diálogo con papá.

Vimos por la televisión el regreso de mi padre a Miraflores y luego nos fuimos al aeropuerto de Barquisimeto.

Allí nos esperaba un avión que nos trasladó al Palacio.

María Gabriela:

— Cuando llegamos a Miraflores, papá estaba descansando. Apenas entramos, nos dijo: “Llegaron las guerrilleras”.

Nos tiramos los tres hermanos encima de él para ver si lo habían golpeado. Le revisé las piernas, los brazos, la cara. Los tres lo tocábamos, nos colgábamos de su cuello, lo besábamos.

Era la locura. Y así nos pusimos a contarle lo que habíamos vivido y él a nosotros. En eso llamó Fidel y nos fuimos a dormir. “Como mínimo tendrán ahora una transmisión en cadena de ocho horas” –le dije a mi hermana.

—¿Desde cuándo Fidel comenzó a llamarte “la heroína?”

- Cuando mi papá regresó a Miraflores, Fidel me dijo que iba a darme un título. Le contesté: “¡Qué bueno, Fidel! Porque dudo que pueda graduarme de Comunicación Social”.

Tenía entonces muchos problemas en la universidad, pues en esa carrera mis compañeros, casi todos de familias de escuálidos, eran muy hostiles conmigo.

“Te tomo la palabra. Dame el título, que no quiero estudiar más allí”.

Entonces me dijo: “Eres una heroína”.

Fue un gesto precioso.

Nos conocimos antes del año 2002 y siempre sentí por él un afecto especial.

Cuando a Fidel le dio aquel mareo mientras pronunciaba un discurso en La Habana, me puse muy mal. Mi padre lo llamó y le dijo: “Aquí tengo a María, que estuvo llorando porque su abuelo estaba enfermo”. Fue así.

La relación que puede haber entre mi padre y él se manipula mucho, como si por ser jefes de Estado no pudiera existir entre ellos un profundo cariño. En esos días del golpe de abril, Fidel no sólo fue un estadista preocupado por la suerte de otro presidente, sino un gran amigo de los venezolanos, alguien que compartió con todos nosotros lo que pudo haber sido no sólo una tragedia familiar, sino una gran tragedia nacional. No me avergüenza decir que lo quiero como a un abuelo, porque él quiere a mi padre como a un hijo”.

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4 comentarios »

  1. Ornella said,

    Hay que historia mas triste pobrecitasssssss las ninas… uff hasta quando vamos a tener que soportar esto en nuestra patria Diosssssssss

    Latinwoman

  2. Mareah said,

    muy bueno …
    esa es una linda historia del 11 de abril, pero porque no se promocionaria igual la de los famiriares que murieron?.
    Un abuelo “para ellas”, que lo conocen de una forma protocolar, un un dictador para quienes lo conocen de otra forma muy distinta.

  3. Yosmary said,

    Que bellas….

  4. Anonymous said,

    PERRAS PERO NO LAS HIJAS DEL PRESIDENTE SINO USTEDES. PONGANSE EN SUS ZAPATOS MAL PARIDAS.


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