abril 17, 2007

En el Monseñor Arias, Guardias Nacionales, duermen en habitaciones de las niñas

Posted in educaciòn a 12:51 pm por sucedenvenezuela

CONFLICTO Padres exigen que restablezcan las condiciones para reanudar las clases
Fracasa convivencia entre escolares y universitarios del Monseñor Arias

“Hola, mami. ¿Cómo estás, mamita?”. Estas palabras las escuchó ayer Doris Carrillo -madre de un alumno del colegio militar Monseñor Arias- mientras caminaba por el comedor del colegio, de boca de un estudiante de pre medicina, que llegó el martes de Bolivia para estudiar en la recién inaugurada Escuela Latinoamericana de Medicina Alejandro Próspero Reverend. El joven boliviano, en pleno día de clases, se encontraba en shorts y sandalias, y fumando.

El domingo en la noche, el presidente Hugo Chávez inauguró en Filas de Mariches la Escuela Latinoamericana de Medicina, en el mismo lugar donde funciona el colegio Monseñor Arias. Allí estudiarán, al mismo tiempo, los 400 alumnos del colegio y los 465 estudiantes universitarios, que vienen de 14 países de Latinoamérica.

Para los padres y representantes del Monseñor Arias, ya era una preocupación que sus hijos perdieran más de dos semanas de clase, a causa de la toma del colegio por obreros del gobierno. Ahora, la inquietud aumenta cuando esos estudiantes latinoamericanos (con edades entre 18 y 25 años) comparten todas las áreas con los más pequeños.

Aunque la viceministra de Políticas Académicas del Ministerio de Educación Superior, Tibisay Hung había explicado que habían diseñado una forma de dividir las instalaciones entre los alumnos universitarios y los del Monseñor Arias (con materos, paredes de cartón y rayas blancas), esto fue barrido en su totalidad por la Casa Militar y los organizadores del Aló, Presidente, que después de salir de las instalaciones educativas dejaron basura, escombros y toldos. Por lo tanto, las clases en el Monseñor Arias fueron, una vez más, suspendidas ayer.

Sin condiciones de estudio.
Le hago un llamado a nuestro Presidente para que nos mire, porque así como él ayuda a los universitarios de otros países también debe ayudar a nuestros hijos”, expresó Doris Carrillo, mientras protestaba a las afueras del colegio, acompañada por más de 60 padres y alumnos de la institución.

En la dirección de la unidad educativa se desarrollaba una reunión entre los representantes del gobierno y varios padres del plantel, que de nuevo protestaron porque a sus hijos les habían robado sus pertenencias de los lockers, y porque encontraron a funcionarios de la Guardia Nacional durmiendo en los cuartos de las niñas.

“Exigimos que los directores velen por la seguridad de nuestros hijos. Exigimos que reubiquen a nuestros hijos en otros colegios militares, porque no los queremos inscribir en un colegio bolivariano”, dijo Adrián Díaz, presidente de la Sociedad de Padres y Representantes del Monseñor Arias.

Por su parte, la representante del Consejo Municipal de Derechos del Niño, Niña y Adolescente, Olga Rodríguez, exhortó a la directiva del plantel a cumplir con lo necesario para reanudar las clases y buscarle un cupo a cada alumno al final del año escolar.

José Mata, coordinador nacional del programa de medicina de la Universidad Latinoamericana, y el nuevo coordinador de esa casa de estudios, el sociólogo Antonio Torres, aseguraron que las clases comenzarían hoy, y que una empresa de seguridad (no militar y sin armas) velaría por la seguridad de los niños y porque no se mezclen con los universitarios.

Universitarios
Ejemplos de educación socialista del siglo XXI

Fiorella Rojas, de 20 años de edad, y Laura Moreno, de 18, llegaron el martes procedentes de la capital peruana para integrarse a la fila de más de 400 latinoamericanos que harán el curso de premedicina en la Escuela Latinoamericana de Medicina en Mariches. Y aunque el domingo el presidente Chávez inauguró esa sede en compañía de Evo Morales, ayer no habían comenzado las clases. “Estudiar medicina en mi país es difícil. Nos dijeron que tal vez empezaríamos en 10 días. Recién nos estamos agrupando y nos van a hacer análisis médicos”, dijo Fiorella, mientras esperaba, recostada en la grama, que la llamaran para almorzar. A Laura la acompañaba Johan, un soldado venezolano que no estaba inscrito en el programa. “Soy el novio de Laura y nos conocimos por Internet”, dijo el muchacho, que con arrumacos, distraía a su novia en ese tiempo de ocio.

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